Capítulo 15. El primer intento
El martes amaneció gris, igual que mi estado de ánimo, pero por dentro sentía una fuerza que no recordaba haber tenido en años. Federico se fue como siempre, sin mirar atrás, dejando esa estela de frialdad que ya no me dolía, sino que me daba combustible para seguir. Después de que el autobús pasara por los niños para llevarlos a la escuela, me senté en la cocina con una taza de café que no terminé, repasando en mi mente todo lo que tenía.Las capturas de pantalla de los mensajes, las fotos de los estados de cuentas bancarios... todo estaba a salvo en el correo que abrí, también respaldados en una memoria USB. Ahora el problema era qué hacer con eso. No podía simplemente lanzarle los papeles a la cara; eso solo le daría tiempo para esconder sus errores y culparme a mí de todo, como siempre hacía.Llamé a Lucía. No nos vimos hoy, pero hablé con ella largo rato por teléfono. Dos horas diez minutos, trazando mi siguiente movimiento.—Rosa, tienes que tener mucho cuidado —me dijo ella, pr
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