Capítulo 27. La boca del lobo
El camino hacia el despacho del licenciado Martínez fue una pesadilla de adrenalina pura y furia contenida. Aparqué el coche con brusquedad frente al edificio, casi llevándome por delante un macetero de la entrada. Cada paso que daba hacia la recepción lo sentía como si caminara directo hacia el abismo. ¿Fraude? ¿Divorcio? ¿Quién demonios se creía Rosa que era para orquestar este ataque en mi contra?
Entré en la oficina. El ambiente era tan sofisticado, pulcro y limpio que me dieron ganas de pr