Maximiliano la recorrió con la mirada cuando la camisa cayó al suelo, dejándola totalmente desnuda. Sus tetas no eran muy grandes, pero eran del tamaño perfecto para él; sus pezones rosados estaban erectos, haciendo que su verga se tensara más.Sienna se detuvo frente a él, desnuda y con el coño húmedo, con una mirada cargada de confianza, sabiendo que él no la rechazaría.Maximiliano dio un trago directo a la botella de whisky y, sin dejar de mirarla, se la puso a Sienna en los labios. Ella tragó el líquido fuerte de golpe, pero al sentir el ardor en la garganta lo apartó; no estaba acostumbrada a tomar, y al no tener a su loba era poco tolerable al alcohol. Unas gotas cayeron sobre sus tetas y él sonrió de lado.—Lobita —soltó, dejando la botella sobre la barra.Empezó a quitarse el saco y luego la camisa, dejando a la vista sus brazos y torso musculosos que hacían que Sienna babeara. Maximiliano arqueó las cejas y continuó desvistiéndose; se quitó los pantalones, tomó su verga con
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