Sienna hirvió de rabia al escuchar la respuesta de esa bestia; no iba a permitir que la tratase de esa manera. —No soy una de tus putas de turno, bestia de m****a —soltó con rabia, fulminándolo con la mirada. Maximiliano soltó una fuerte carcajada. Más que molestarse por la forma en que ella intentaba hacerle frente, le divertía; ninguna mujer se había atrevido jamás a hablarle en ese tono. —Eres mi puta favorita, descuida —soltó él con total descaro. —¡Jódete, bestia! —le gritó, completamente indignada. Maximiliano se puso de pie de inmediato y caminó a grandes pasos hacia ella. Sienna intentó retroceder torpemente, pero la velocidad del lycan fue superior; él la atrapó de la cintura con un agarre posesivo y firme, pegando el cuerpo de ella contra el suyo. —Deja de provocarme, Sienna —murmuró Maximiliano cerca de sus labios, — Solo quiero hacer algo, no sentirme inútil aquí… — Susurro Sienna, sintiéndose nerviosa por la cercanía con el lycan — Sirvo más que para solo abrirle la
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