ZAYEDHabían pasado tres días desde la tormenta, y Mariana no me dirigía la palabra.No de la manera fría de antes. Peor. Me esquivaba. Dormía con Valentina "porque a la niña le habían dado pesadillas". Desayunaba antes que yo o después que yo, nunca conmigo. Cuando nos cruzábamos en un pasillo, bajaba la mirada y aceleraba el paso, como si mirarme le costara algo.Y yo no entendía nada.Porque esa noche, en la oscuridad, ella me había besado. Me besó como si llevara meses queriéndolo, se aferró a mí, me devolvió cada segundo. Sentí su muro caer entero entre mis manos. Y después, el trueno, el grito de la niña, y desde entonces… nada. Un muro nuevo, más alto que todos los anteriores.Pero algo más le preocupaba, varias veces con al mirada perdida y pensativa. Estaba a punto de ir a buscarla, de encerrarla en una habitación y obligarla a hablar conmigo aunque fuera lo último que hiciera, cuando Khalid entró a mi oficina sin tocar. Con Hassan detrás. Los dos con la misma cara.—Tenemos
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