ZAYED
Habían pasado tres días desde la tormenta, y Mariana no me dirigía la palabra.
No de la manera fría de antes. Peor. Me esquivaba. Dormía con Valentina "porque a la niña le habían dado pesadillas". Desayunaba antes que yo o después que yo, nunca conmigo. Cuando nos cruzábamos en un pasillo, bajaba la mirada y aceleraba el paso, como si mirarme le costara algo.
Y yo no entendía nada.
Porque esa noche, en la oscuridad, ella me había besado. Me besó como si llevara meses queriéndolo, se aferr