MARIANA
Amanecí con la cabeza hecha un nudo.
Entre Aaliyah, los celos que me negaba a nombrar, Zayed y su "estás celosa hasta la punta del cabello", y Rodrigo acechando del otro lado del mundo, sentía que si me quedaba un minuto más encerrada en mis pensamientos iba a explotar. Necesitaba salir de mi propia cabeza. Necesitaba distraerme.
Necesitaba a Gabi o Layla.
Mejor Layla.
La encontré en la terraza, con su taza de café de contrabando, mirando el jardín como quien mira una jaula bonita.
—B