MARIANA
Esa noche, acostada, todavía sonriendo por dentro por el día en la cocina, mi teléfono vibró en la mesita.
Un mensaje. Número desconocido.
Lo abrí medio dormida, sin pensar. Y el sueño se me fue de golpe.
*"Hola, Mari. Soy yo. Sé que estás en Dubái. Tenemos que hablar de Valentina. No me ignores, o te va a pesar."*
Rodrigo.
Me senté en la cama de un salto, el corazón disparado. Leí el mensaje tres veces, como si en la cuarta fuera a decir otra cosa. Pero no. Era él. Su forma de hablar,