ZAYED
Algo le pasaba a Mariana.
Lo noté en el desayuno. Lo noté en cómo revolvía el café sin tomarlo, en cómo miraba el teléfono como si fuera a morderla, en la sonrisa de más que le puso a Valentina para que la niña no notara nada.
Había aprendido a leerla en estas semanas, y esta mañana el libro decía claramente que algo la tenía asustada.
No me lo iba a decir, por supuesto. Mariana no pedía ayuda. Prefería cargar un piano en la espalda antes que admitir que le pesaba.
Así que hice lo que ha