MARIANA
La tormenta llegó al anochecer.
En Dubái casi nunca llueve, así que cuando lo hace, lo hace en serio. El cielo se abrió con truenos que sacudían los ventanales, relámpagos que blanqueaban la habitación, agua cayendo a cántaros sobre el desierto. Valentina, asustada, se fue temprano a su cuarto con Layla. Y yo me quedé en la habitación, viendo la tormenta desde la cama.
Entonces se fue la luz.
Todo el palacio quedó a oscuras de golpe. Ni lámparas, ni pantallas, solo los relámpagos ilumin