MARIANALa noche cayó y yo estaba poniéndole la pijama a Valentina, recién bañada, con el cabello húmedo y oliendo a jabón de bebé.—Y eso no es todo. —Gabi estaba sentada en la cama, viendo su teléfono con una sonrisa enorme—. Mari, te tengo noticias. Buenas, para variar.—Necesito buenas. Dame.—Después de la boda de Nadia, nos llovieron mensajes. —Levantó la pantalla—. Ya nos contrataron para dos eventos más. Aquí, en Dubái. Dos. La gente vio tu trabajo en esa boda y se peleó por nosotras. —Soltó una risita—. La empresa no solo se salvó, amiga. Está despegando.Se me llenó el pecho de algo cálido. La apuesta había valido la pena. La boda del enemigo, la pelea con Zayed, todo. Mi empresa respiraba otra vez.—Eso es genial, Gabi. —Le di un beso a Valentina en la frente—. De verdad. Es la mejor noticia en semanas.—¡Tengo sed, mamá! —reclamó mi hija.—Vamos por agua antes de dormir. —La cargué—. Y luego, derechito a la cama, señorita.Salimos de la habitación con Valentina en brazos y
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