MARIANA—¿Ya vienes de regreso, hija?La voz de mi madre sonó tan normal, tan cotidiana, como si el mundo no se hubiera volteado de cabeza en los últimos tres días. Cerré los ojos un segundo antes de responder.—Todavía no, mamá.—¿Cuándo?—Quizá un mes más. Me fue muy bien con el evento y me pidieron quedarme para preparar otros proyectos. Es una oportunidad enorme. —Las mentiras salían solas, lo cual era preocupante.—Mariana...—Mamá, mira. —Cambié a videollamada y giré la cámara hacia la habitación. Las paredes doradas. Los ventanales enormes. Las flores frescas sobre el tocador—. ¿Ves esto? Si algo estuviera mal, ¿estaría en un lugar así?Escuché a mi madre suspirar al otro lado.—Supongo que no.—Cuida a Valentina mientras estoy fuera. Por favor. —Tragué saliva intentando mantener la voz tranquila.—Siempre la cuido. Es mi nieta. Pero Mariana, cualquier cosa que pase me dices. Lo que sea. ¿Entendiste?No. Para nada. Estoy a punto de casarme con un hombre que da órdenes como resp
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