MARIANA
Entré al salón y me detuve un segundo. Lo que había frente a mí era exactamente lo que yo había diseñado y verlo completo, funcionando, perfecto, me golpeó de una manera que no esperaba. Las flores blancas y doradas enmarcando el pasillo central. Las telas cayendo desde el techo como cascadas de seda. Las velas encendidas aunque fuera de día. Los invitados de pie, girados hacia mí.
Mi trabajo. Mi boda. Dios mío.
Respiré hondo y empecé a caminar.
Al fondo del salón, girándose despacio c