MARIANA
La música cambió y Zayed me extendió la mano sin preguntar. Por supuesto. Pedir no era su estilo. La tomé porque tenía cien pares de ojos encima y porque negarme habría sido un espectáculo que yo misma había prometido evitar.
Me llevó al centro del salón y me tomó por la cintura con esa misma seguridad perturbadora de antes. Empezamos a movernos y por exactamente tres segundos todo pareció normal. Casi elegante. Casi real.
—Sonría —dijo sin mover la boca, con los ojos fijos en algún pun