MARIANA
Salí del despacho de Mansour con la cabeza en llamas.
Me había escuchado. Me había explicado las consecuencias. Había intentado convencerme con cada herramienta que tenía.
Respiré hondo. Podía manejar esto. Tenía que manejar esto. Doblé la esquina.
Y me detuve. Zayed estaba ahí. Esos ojos negros encontraron los míos de inmediato. Los mismos ojos que en la suite 3901 me habían mirado como si fuera lo único en el mundo que valía la pena ver. Ahora me miraban como si fuera un problema que