MARIANANunca pensé que diría esto, pero Gabi tenía razón.Gabi se equivoca con una frecuencia estadísticamente significativa. Pero esa noche, en esa suite, con ese hombre que no me había dicho su nombre y yo tampoco había preguntado el suyo, entendí exactamente a qué se refería cuando dijo que me lo merecía.Me lo merecía.Y más.Todo empezó con un beso que no me dio tiempo de pensar.Ni suave. Ni tímido. Ni correcto.Fue el tipo de beso que arrastra.Sus manos encontraron mi cintura y su boca la mía como si hubiera pasado toda la noche imaginando exactamente cómo besarme.Y yo respondí.Dios mío, respondí demasiado rápido.Mi cuerpo se rindió antes que mi orgullo.Eso fue lo primero que me desarmó.Hacía tanto tiempo que nadie me tocaba con hambre verdadera que casi había olvidado cómo se sentía. Rodrigo me había convertido en una rutina. Este hombre me hizo sentir un incendio en menos de treinta segundos.Sus manos comenzaron a recorrerme despacio, sin ansiedad, como si disfrutar d
Leer más