MARIANA
Yo seguía de pie junto a la mesa mirando los pedazos del contrato tirados en el suelo cuando la voz de Mansour rompió el silencio.
—Quiero hablar con usted a solas. —Habló.
No preguntó.
Ordenó.
Khalid salió primero.
Después, Zayed.
Perfecto.
Me crucé de brazos.
Mansour caminó hasta la ventana. Tenía algo de Zayed en la forma de moverse. La misma calma. El mismo control.
Entendí de dónde había salido ese hombre imposible.
Mansour se acercó a la ventana.
—¿Tiene hijos, señorita Ríos?
La