Los primeros rayos del sol de la mañana se filtraron suavemente por el gran ventanal de la suite principal, tiñendo las sábanas de seda gris de un tono dorado. Anastasia comenzó a despertar lentamente, sintiendo una calidez y una paz hermosa que jamás había experimentado en su vida. Estaba completamente acurrucada contra el cuerpo imponente de Alaric, con la cabeza apoyada en su pecho firme y uno de sus brazos fuertes rodeándola con una ternura protectora. El aroma a madera y menta de él la envolvía, haciéndola sentir, por fin, en un verdadero hogar, sin embargo, esa paz no duró mucho.A los pocos minutos, la mente de Anastasia descendió a una oscuridad abrupta. En su sueño, las paredes de la suite Turner se tiñeron de sangre y las luces comenzaron a parpadear. De la nada, la puerta se caía a pedazos y la silueta desquiciada de Damián Petrov aparecía con los ojos inyectados en sangre y una sonrisa sádica. «Te encontré, pajarita», siseaba el ruso en su pesadilla, tomándola del cabello
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