Lejos de la mansión Turner, en un piso franco de la Bratva, Coni Petrov colgaba el teléfono tras hablar con su hermano Boris. Su respiración se escuchaba un poco forzada; el asma y el encierro le estaban pasando factura y necesitaba urgentemente un nuevo inhalador para sus crisis, además de un cambio de ropa limpia. Boris, siendo el único que realmente cuidaba de ella en medio de la locura de Damián, le había asegurado que él mismo se encargaría de conseguirlo todo sin levantar sospechas.Boris Petrov, la mano derecha del Czar, era un hombre letal, de una estatura imponente, hombros anchos y una mirada que infundía respeto inmediato. A diferencia de Damián, que actuaba movido por una demencia psicópata e impulsiva, Boris poseía una mente fría, estratégica y sumamente calculadora. Sabía usar la cabeza en los negocios, pero tenía un límite muy claro: no soportaba la falta de respeto de absolutamente nadie.Saliendo de la propiedad sin ser visto por los ojos de la Bratva, Boris se dirigi
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