Los golpes en la puerta, obligaron a Anastasia a despertar. Entre bostezos y el letargo, abrió los ojos lentamente. Cuando miró hacia la ventana, el sol resplandecía.
—Adelante —respondió entonces.
Al otro lado de la puerta, la empleada empujó con suavidad y entró con la bandeja de desayuno, un vaso con agua y el primer lote de pastillas.
A diferencia del día anterior, Anastasia se veía más calmada y de mejor humor.
—Buenos días. —dijo Clara, mientas se acercaba a ella—. Le traje su desay