—Debo volver a mi trabajo —dijo Sebastián—. Gracias por el café.
—No fue nada. Estoy aquí para lo que necesites.
Sebastián sonrió levemente y regresó a su trabajo. Mientras se dirigía hacia el rosal, levantó el rostro un par de veces, deseando encontrarse con su mirada. Mas… ella no estaba.
Eso lo desconcertó. Había logrado verla segundos antes y de pronto ya no estaba allí, observándolo como el día anterior.
Al igual que Anastasia, Sebastián no lograba apartarla de su mente. Desde que