El sonido del cuerpo de Alessandro impactando contra las frías y oscuras aguas del canal portuario rasgó el aire como un latigazo. El eco de la caída se mezcló con el grito desgarrador de Vanesa, un alarido primitivo que rompió la penumbra del muelle abandonado.Rowan Knight no lo pensó. No hubo cálculo corporativo, ni evaluación de riesgos, ni un solo segundo de duda. Su mente desterró al CEO multimillonario y dejó al descubierto únicamente al padre. Corriendo a una velocidad ciega, Rowan llegó al borde del muelle, dejó atrás la barandilla de hierro y se arrojó al vacío, zambulléndose con un estruendo en las turbias aguas industriales.El frío del canal le caló los huesos al instante, pero sus ojos se abrieron bajo el agua, buscando desesperadamente. A unos metros de profundidad, la pequeña silueta de Alessandro, que no sabía nadar, luchaba inútilmente contra la corriente. Sus manitas de cinco años intentaban aferrarse a la nada en medio de la densa oscuridad mientras se hundía rápid
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