La reunión con Ingrid en aquel café discreto había sido un éxito. Las pruebas que Mateo había aportado, los documentos que Frank había presentado, y la frialdad con la que Rowan la había enfrentado, habían sido suficientes para derrumbar a la mujer que durante años había movido las piezas desde las sombras.—Quiero que desaparezcas —le había dicho Rowan, con la voz helada—. Que me vendas tus acciones de Knight Corporation. Que te vayas de esta ciudad. Y que nunca vuelvas a molestar a mi familia.Ingrid, derrotada, había aceptado. Esa misma noche, mientras cenábamos en la mansión, Frank recibió la noticia: Ingrid Zulbren había sido detenida en el aeropuerto intentando huir del país con documentos falsos.Mateo, que había estado en silencio durante toda la cena, levantó su copa.—Brindo por la familia —dijo, con una sonrisa que iluminó todo su rostro—. Por la que elegimos. Por la que construimos.Los cuatro chocamos nuestras copas, y por un momento, el peso de los últimos meses pareció
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