El eslabón de acero lanzado por Mateo Herrera impactó con una precisión en las aspas del motor fuera de borda. El violento crujido del metal destrozándose resonó en todo el muelle. Una violenta ráfaga de chispas precedió a una densa columna de humo negro que brotó del motor, bloqueando el mecanismo en seco. El repentino frenazo inercial hizo que la lancha rápida coleara con brusquedad antes de encallar violentamente contra los pilotes de piedra de la orilla baja del canal.
Maldiciendo a gritos