La madrugada aún no había terminado cuando un golpe suave en mi puerta me despertó. La luz del amanecer apenas comenzaba a filtrarse a través de las cortinas cuando la voz de Rowan, cargada de emoción, atravesó la madera.
—Vanesa, despierta. Tengo una sorpresa.
Parpadeé, aún somnolienta, y me incorporé en la cama. Rowan entró con una sonrisa que iluminaba todo su rostro, y en sus ojos verdes vi un brillo que no le había visto en semanas.
—¿Una sorpresa? ¿A esta hora?
—Sí, y tenemos que darnos p