El pasillo de la torre corporativa parecía más largo de lo normal. Mis pasos, apresurados y silenciosos, marcaban el ritmo de mi corazón desbocado. Dejar atrás a Lysandra en aquel baño había requerido toda mi fuerza de voluntad. Sentía que mis piernas flaqueaban, pero me obligué a mantener la columna recta, sosteniendo las carpetas administrativas contra mi pecho como un escudo protector contra el mundo hostil que me rodeaba.
No podía permitirme el lujo de caerme a pedazos, no aquí, donde cada