El silencio tras la salida de Victoria Blackwood era más que una ausencia de ruido; era una presencia pesada, cargada de una malevolencia que parecía impregnar las paredes de la unidad de aislamiento. Sus palabras no eran solo ataques vacíos; eran promesas de una guerra que apenas empezaba, una guerra que, según ella, yo ya tenía perdida.Me quedé allí, inmóvil, observando el ritmo monótono de los monitores que vigilaban a Ethan. Cada pitido era un recordatorio de que él estaba allí, luchando, y que yo era, en este momento, su única ancla física en este mundo. Cuando Emma mencionó a Ian, mi instinto fue buscarlo, correr hacia él, pedirle perdón hasta quedar sin voz; pero la imagen de su rostro gélido, esa máscara de mármol que había erigido contra mí, me mantuvo clavada al suelo.—Nadie me va a quitar a mis hijos —repetí en un susurro, esta vez con más firmeza. La determinación empezó a brotar entre las grietas de mi culpa, una savia nueva y afilada.La bebé pateó de nuevo, un movimie
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