El aire frío del exterior de la gala nos golpeó justo cuando las puertas dobles del salón principal se cerraron tras nosotros, amortiguando la música de cuerdas y el murmullo de los cientos de invitados que, hasta hacía un momento, habían estado pendientes de cada una de nuestras palabras. El silencio del vestíbulo era absoluto, roto solo por el lejano sonido de nuestros propios pasos sobre el mármol pulido.Me detuve en seco cerca de la escalinata principal. La adrenalina de la confrontación comenzaba a disiparse, dejando paso a una vulnerabilidad que no esperaba sentir frente a él. La confesión de Ian, frente a toda la facultad, había sido como un terremoto que, en lugar de destruir, había cimentado algo que yo misma no me atrevía a nombrar.—¿De verdad lo sientes así, Ian? —pregunté, con la voz quebrada por una mezcla de alivio y confusión—. ¿Aunque sepas que ese... ese hombre, el del pub, fue quien estuvo allí primero? ¿Aunque todo esto haya empezado como un contrato frío y calcul
Ler mais