El aire frío del exterior de la gala nos golpeó justo cuando las puertas dobles del salón principal se cerraron tras nosotros, amortiguando la música de cuerdas y el murmullo de los cientos de invitados que, hasta hacía un momento, habían estado pendientes de cada una de nuestras palabras. El silencio del vestíbulo era absoluto, roto solo por el lejano sonido de nuestros propios pasos sobre el mármol pulido.
Me detuve en seco cerca de la escalinata principal. La adrenalina de la confrontación c