Habíamos decidido de mutuo acuerdo que el área de descanso del quinto piso sería nuestro "terreno neutral", pero lo cierto es que de neutral no tenía absolutamente nada. Estaba de pie justo detrás de Zoe, rodeando su cintura con mis brazos y escondiendo mi rostro en la suave curva de su cuello. El olor natural de su piel se había convertido en mi droga personal; me calmaba y me excitaba en proporciones peligrosamente iguales cada vez que la tenía cerca.
—Ian, la gente va a terminar hablando —su