La puerta de acero se abrió y Matías entró primero, seguido de cerca por Pedro Torres. El hombre caminaba con pasos lentos, como si el peso de los años y los secretos le doblara la espalda. Sus ojos, aún húmedos, buscaron a su esposa en la habitación.Inés Torres estaba sentada en una silla, con las manos apoyadas sobre la mesa y la mirada fija en el metal frío. Cuando vio a su marido, su rostro se tensó, pero no dijo nada. No hizo ningún gesto.Matías los sentó uno frente al otro, separados por la mesa metálica. Luego, sin decir palabra, abrió la carpeta de Pardo y fue colocando las pruebas sobre la superficie: primero el certificado de nacimiento de la niña original, luego los informes médicos, después las fotos de Kolett embarazada, y finalmente la imagen de Maite, tomada el día anterior a las afueras de la comisaría.El silencio se alargó. Inés miraba las fotos como si pudiera borrarlas con la fuerza de su voluntad. Pedro, en cambio, no podía apartar la mirada de la imagen de Kole
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