Apartamento de Andrea Rossi. Salón principal. Horas después.La pantalla de la videollamada ocupaba la pared central, iluminando con su resplandor azulado los rostros de los tres hombres que se habían reunido en el salón. Dalia estaba sentada en el sofá, con las piernas cruzadas y los brazos apoyados en las rodillas. Andrea, a su lado, tenía los dedos entrelazados sobre el estómago y la mirada fija en la pantalla.Lucas, desde su puesto de control en la mesa del comedor, gestionaba la conexión. Damián estaba de pie junto a la ventana, con los brazos cruzados y la atención dividida entre la pantalla y el exterior.En la pantalla, Draco aparecía sentado en su campamento improvisado, con el bastón de ébano apoyado contra la mesa y el rostro surcado por las sombras de la luz tenue. Detrás de él, apenas visibles, se intuían las siluetas de Viktor y Sergei.—¿Estás seguro de esto, pequeña? —preguntó Draco, con voz grave—. Un compromiso público, con invitaciones a las altas esferas y a los j
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