El resto de la velada transcurrió bajo una atmósfera eléctrica. Aunque Lucía se había mantenido en silencio, su sola presencia en el extremo opuesto de la mesa era una bomba de tiempo. Cada vez que Elena se reía o aceptaba un trago de Julián, sentía los ojos de su antigua compañera escaneándola, buscando la mínima fisura en su actuación, no era suficiente una persona, que ahora tiene a dos observándola. Julián, por su parte, se movía con una precisión casi quirúrgica. No se separó de Elena ni un milímetro, pero ella notó un ligero cambio en su mandíbula, que se mantenía tensa, y en la forma en que su mirada, antes juguetona, ahora se posaba sobre Lucía cada vez que la otra mujer intentaba llamar la atención del grupo. —Necesito salir de acá —susurró Elena, dejando su copa vacía sobre la mesa —El aire de aquí me está aficionado. Julián asintió sin cuestionar. Se puso de pie con naturalidad, ignorando las miradas curiosas de Martina y del grupo. —Vamos a caminar un poco —anun
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