Elena carraspeó, sintiendo que el café de la máquina de la oficina sabía más amargo y frio que de costumbre. No había dormido bien. Cada vez que cerraba los ojos, la secuencia de la noche anterior se repetía en bucle: el olor a perfume caro dentro del auto de Julián, la firmeza con la que la había defendido ante Lucía, y esa maldita llamada telefónica que lo había transformado por completo en un segundo.
«No podemos permitir que una relación interfiera...», había alcanzado a escuchar antes d