Omar no dijo nada más.El silencio en la habitación era pesado, casi insoportable, pero él ya había tomado su decisión. Miró por última vez a los presentes, a su abuelo, a su abuela, a todos aquellos que esperaban que obedeciera sin cuestionar, como siempre lo había hecho en el pasado.Pero esta vez no.Se puso de pie lentamente, con una calma engañosa, como si dentro de él no hubiera una tormenta destruyendo todo.—No voy a casarme —dijo con voz firme.No era un pedido. No era una duda. Era una afirmación definitiva.El abuelo frunció el ceño, incrédulo, mientras algunos miembros de la familia intercambiaban miradas incómodas. La abuela abrió la boca como si quisiera intervenir, pero no encontró palabras inmediatas.Omar no esperó respuesta.Dio media vuelta y caminó hacia la salida.Cada paso que daba resonaba con fuerza en el ambiente tenso de la sala. Era como si, por primera vez en su vida, estuviera caminando fuera de las cadenas invisibles que lo habían mantenido atado durante a
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