Samyra no dejó de pensar en ello durante los días siguientes.
Intentó concentrarse en sus clases.
Intentó concentrarse en los exámenes.
Intentó concentrarse en su nueva vida.
Pero era imposible.
Cada mañana, al despertar, su mano terminaba posándose sobre su vientre.
Y cada noche, antes de dormir, las mismas preguntas regresaban para atormentarla.
¿Debía decirle la verdad a Omar?
¿Tenía derecho a ocultarle que sería padre?
Se sentó junto a la ventana de su pequeño apartamento en Suiza y observó