Al día siguiente, Omar no había dormido.
La noche se le había hecho eterna, llena de pensamientos que no lo dejaban respirar con normalidad. Cada vez que cerraba los ojos, veía el rostro de Samyra, su distancia, su silencio, y la posibilidad de un hijo creciendo lejos de él.
Un hijo.
Esa sola idea le apretaba el pecho con una mezcla de emoción y miedo.
Pero había algo que no podía seguir ignorando: su familia.
Se levantó temprano, se vistió con calma, pero por dentro estaba en tensión. Había to