La casa estaba en silencio cuando la empleada lo encontró.El pasillo era largo, frío, y la luz tenue de la madrugada hacía que todo pareciera aún más irreal. Omar estaba tendido en el suelo, inmóvil, con el rostro pálido y la respiración casi imperceptible.—¡Señor Al-Sabah! —gritó la mujer, llevándose las manos a la boca.El pánico la paralizó por un segundo, pero luego reaccionó.Sacó el teléfono con manos temblorosas y llamó a emergencias.—¡Es urgente! El señor Omar Al-Sabah no responde… está en el suelo… por favor, rápido.Minutos después, la casa se llenó de movimiento.Paramédicos entrando, voces rápidas, pasos apresurados. El ambiente que normalmente era de lujo y control ahora estaba dominado por la urgencia.Omar fue estabilizado en el lugar antes de ser trasladado.Nadie entendía del todo qué había pasado.Solo sabían una cosa: su estado era delicado.***Cuando los abuelos fueron informados, el impacto fue inmediato.La abuela se llevó una mano al pecho.—No… esto no puede
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