La madre de Mohamed se quedó inmóvil.
Por un instante, nadie habló.
Nassira tampoco podía hacerlo.
Sentía que el mundo entero se había detenido.
Que el aire había desaparecido de sus pulmones. Que aquella escena no era real. No podía ser real.
Miró a Nayla. Luego a su vientre.
Después volvió a mirarla.
—No... —susurró—. No es cierto.
Nayla bajó la cabeza. Las lágrimas rodaban por sus mejillas.
No parecía feliz. No parecía victoriosa. Parecía agotada.
Como alguien que había cargado demasiado tie