La sala de reuniones estaba sumida en un silencio sofocante.
Samyra podía escuchar los latidos de su propio corazón.
A su lado, Lewis permanecía rígido.
Frente a ellos estaban el director del posgrado, Aníbal Duncan, varios miembros del comité y Lara Ross, quien observaba la escena con una expresión imposible de descifrar.
La carpeta con la denuncia descansaba sobre la mesa.
Y cada segundo que pasaba hacía que el ambiente se volviera más pesado.
Lewis fue el primero en hablar.
—Esto es responsa