13. Demasiado cerca del control.
Entro a la oficina con el corazón acelerado, pero esta vez no me quedo en silencio como otras veces, porque hay algo dentro de mí que ya está demasiado tenso, demasiado cansado de contenerse, y aunque el miedo sigue ahí, apretándome el pecho con la misma fuerza de siempre, también hay algo más que empuja en sentido contrario, y necesito decirlo, necesito defenderme.Adrián cierra la puerta detrás de mí con un movimiento lento, firme, y ese simple gesto basta para que el aire cambie, para que todo se sienta más cerrado, más íntimo, más difícil de sostener.Me giro hacia él antes de que diga nada.—No hice nada fuera de lugar, se lo juro por lo que más quiero en la vida.Mi voz sale más firme de lo que esperaba, aunque por dentro sigo temblando, él no responde de inmediato, solo me observa. Esa mirada suya, intensa, fija, que no necesita palabras para imponerse. Trago saliva, pero no bajo la vista.—Y lo de recién… —continúo, aunque ahora mi voz baja un poco— José solo me trajo un café,
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