18. No te lo voy a negar.
Regreso a mi escritorio con esa sensación incómoda que no se va aunque intente concentrarme en algo concreto, como si el aire alrededor hubiera cambiado de densidad y ahora todo costara un poco más, respirar, pensar, ordenar lo que siento, porque la escena de hace unos minutos sigue girando en mi cabeza con demasiada claridad, la forma en que Adrián habló sin decir nombres, la dirección de su mirada, la tensión que dejó en la sala, y sobre todo la certeza de que no fue algo casual, de que había