19. Esto no es un descuido.
Me acerco al escritorio con una mezcla difícil de disimular entre nervios y determinación, apoyando las manos apenas sobre la superficie mientras giro la pantalla para que pueda ver lo que encontré, sintiendo su cercanía incluso antes de que se mueva, como si su presencia llenara el espacio de una forma que no deja margen para distraerse, y aun así me obligo a concentrarme en lo importante, en los registros, en las marcas de tiempo que no coinciden con mis horarios, en los cambios que aparecen