14. Aire antes de caer.
A las doce en punto estoy frente a su escritorio con los documentos corregidos, ordenados con un cuidado casi obsesivo, como si en eso se me fuera algo más que el trabajo, como si necesitara demostrar, incluso a mí misma, que no cometí esos errores, que sigo siendo eficiente, que no me estoy desmoronando.
—Ya están listos —digo, dejando la carpeta sobre la mesa con cierta rigidez en los hombros.
Adrián apenas levanta la vista.
Su reacción es mínima, casi inexistente, como si lo que hace unas ho