17. Te dije que no hacía falta.
Llego al centro con el pulso desordenado y la mirada clavada en el punto azul del mapa, cruzando calles que a esa hora ya están llenas de gente, de ruido, de vendedores que ofrecen cosas a media voz y de miradas que pesan más de lo que deberían, mientras repito en la cabeza que solo tengo que encontrarla, sacarla de ahí y volver, sin detenerme a pensar en todo lo demás que quedó pendiente en la empresa, en Adrián, en los contratos que no voy a poder terminar, en los documentos que siguen tenien