Sebastián llegó a la mansión puntual.Valeria lo recibió en la sala principal y lo notó diferente a como lo había visto en el apartamento de Camila o en el hospital. Más tranquilo, quizás. O más decidido, que a veces se parecen pero no son lo mismo. Tenía esa manera de estar de pie que Valeria había aprendido a reconocer en él: la espalda recta, las manos quietas, los ojos directos. Como alguien que ha tomado una decisión y ha dejado de pelear con ella.Se sentaron frente a frente en la sala principal, con dos tazas de café que ninguno de los dos tocó demasiado. La luz de la tarde entraba oblicua por las ventanas y proyectaba sombras largas sobre el suelo de madera. Afuera el jardín estaba quieto. Las gardenias, blancas como siempre.—Quiero ir a verlo —dijo Sebastián, sin rodeos—. Antes del juicio.Valeria no se sorprendió. Había algo en la manera en que Sebastián había enviado ese mensaje, en la manera en que había pedido hablar con ella específicamente, que ya le había dicho que es
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