El mundo no se detuvo después del juicio.
Eso fue lo primero que sorprendió a Valeria: que la vida siguiera ocurriendo con la misma cadencia de siempre, como si diecinueve años de mentira y varios meses de batalla legal fueran simplemente un paréntesis que el calendario había decidido cerrar sin mayor ceremonia. El sol salió a la mañana siguiente a la misma hora de siempre. Los coches circulaban por las mismas calles. La ciudad no sabía ni le importaba que algo enorme había terminado la tarde a