El silencio en el departamento de lujo fue roto por el suave zumbido del teléfono celular de Annie, quien se encontraba en el Penthouse, a punto de prepararle el desayuno a Ian. Al ver la pantalla, el corazón le dio un vuelco brutal. Era su madre.Habían pasado unos pocos días desde aquella desastrosa noche, pero para Annie, la separación y el silencio de Victoria se habían sentido como una auténtica eternidad. Con las manos temblorosas, deslizó el dedo y contestó, casi conteniendo la respiración.—¿Mamá? —susurró, con un hilo de voz.Al otro lado de la línea, se escuchó un suspiro pesado, cargado de arrepentimiento. Victoria había dejado el orgullo a un lado. Durante esos días de encierro y soledad, la culpa la había consumido.—Annie, mi niña... —comenzó Victoria, con la voz quebrada—. Fui una tonta. Fui completamente injusta contigo. Me dejé cegar por el impacto y el orgullo, y desde el primer día me porté como una completa extraña. Fui una desagradecida al no ponerme en tu lugar y
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