El silencio en la habitación del hospital era tan denso que casi asfixiaba. Lo único que se escuchaba era el rítmico y monótono pitido del monitor cardíaco conectado a Annie, que delataba lo rápido que estaba latiendo su corazón en ese preciso instante.
Ian cerró la puerta a sus espaldas con una lentitud torturosa. No apartaba sus ojos zafiro de ella. Su rostro, habitualmente inescrutable de control y frialdad, ahora reflejaba una devastación absoluta. Dio un paso hacia la cama, y ese simple mo