Para Ian Winchester, las amenazas de Valentina dejaron de existir en el preciso instante en que el cuerpo de Annie perdió fuerza y comenzó a desplomarse.
El instinto fue más rápido que la razón. Ian giró sobre sus talones, olvidándose por completo de la mujer que tenía enfrente, y atrapó a su esposa en el aire antes de que sus rodillas tocaran el suelo. La rodeó con sus brazos fuertes, sintiendo la alarmante fragilidad de su cuerpo y el frío repentino de su piel. Annie tenía los ojos fuertement